
Las diez y diez
Sentado.
Sentado entre dos pilares. Dos pilares que soportan una humanidad encallecida.
Grises, como esa humanidad en la que me sumerjo empapando mis inertes huesos.
Hoy también te he visto. Y hace dos días. Y hace dos días de hace dos días. Y así, muchos días.
Hoy tampoco he hecho nada. Tampoco. No. No he hecho nada. Nada.
Sigues ahí. Estático. A las diez y diez. Todos los días son para ti las diez y diez. ¿Cuánto llevas ahí, en tu pensión multiestrella?
¿Y ese perro? Quizá sólo sea la presencia de la fidelidad… o la denuncia de otras infidelidades.
El perro de las diez y diez. También. Anclado en el tiempo sin tiempo.
Jamás un gruñido. Jamás un ladrido. Quizá. Quizá sabe que yo no merezco ni eso. Ni un ladrido.
Hoy tampoco he hecho nada. Quizá, quizá mañana te eche unas monedas con las que apagar mi desasosiego. No me he preguntado por el precio.
No podré pagarlo.
Nunca tu mirada me ha censurado. No me miras. Que estés ahí ya es suficiente castigo.
No sé si sabes eso. No creo que te importe. Ni a tu perro.
Quizá mañana te diga algo. Quizá.
Dime qué quieres que te diga. ¡No sé qué decirte! No hay nada que decir cuando las palabras están hechas con sonidos vacíos. ¡Ayúdame!
Quizá. Quizá también yo esté parado en las diez y diez. Atrapado.
Atrapado y sin un perro que me acompañe. Y sin nadie que me diga palabras vacías.
Sin nadie.
:::Post 325 - CR61/091120 – Las diez y diez
:::foto: 070928-P1030837-El hombre de las diez y diez >·< Lumix DMC-TZ5 - f/4.2 - 1/80 seg - 8 mm* - ISO 100


