22.3.09

259 - Sonidos resbalando



Todos aquellos sonidos que veía deslizarse por las paredes, inundaban la habitación. Ahora sabía el origen de su claustrofobia.

Ya, desde muy pequeño, pudo ver como el primer grito de su nacimiento, su propio grito, mezclado con el de su madre, resbalaba paredes adentro hacia el útero que lo había resguardado aquellos 277 días.

Y ahora… todos aquellos sonidos resbalaban paredes abajo. Los veía deslizarse hasta llegar al suelo. Y veía como, poco a poco, los sonidos se iban acumulando, ocupando todo el espacio… y subiendo, subiendo.

Y se oía inundándose de sonidos. Y los veía. Primero los pies, ahora las pantorrillas. Y los sonidos crecían como crecía su angustia.

No podía estar en ningún lugar cerrado. En poco tiempo los sonidos comenzaban a ascender. Ahora las rodillas, ahora las caderas… y tenía que correr a una ventana para que pudieran escapar… o una puerta…

Cuando caía en una trampa, cuando la habitación no tenía una ventana abierta, los sonidos llegaban al pecho, ahora a los hombros… y la angustia era atroz pese a conocer el desenlace.

Sí. Lo sabía. Sabía que era algo cíclico, lo que no evitaba que tuviera que estar cerca de una puerta o una ventana.

Y todos los sonidos se deslizaban, resbalaban, paredes abajo hasta inundarlo todo. Ahora en el cuello, ahora en las orejas…

Y se completaba el ciclo. Veía ahora a los sonidos sumirse, por sus oídos abajo… y recuperaba la paz. Paz sufrida en esos últimos momentos ya que, mientras esos sonidos resbalaban dentro de su cuerpo hacia un agujero negro que contenía todo el universo, se daba cuenta de que arriba, solo un poco más arriba, su cerebro estaba emitiendo nuevos sonidos que, llegando a las paredes comenzaban a resbalar hasta inundarlo todo. Un ciclo eterno, cuando él tenía pavor de la eternidad.

En sus últimas voluntades había dispuesto su deseo de ser cremado. Nunca escribió que su deseo real era el de no continuar viendo sonidos que resbalaban paredes abajo hasta inundarlo todo. Realmente… no podía soportar la idea de que, encerrado en un ataúd, pudiera pasarse la eternidad viendo los sonidos resbalando paredes abajo hasta inundarlo todo. Inundándole.

.

.

:::Post 259 CR 038/090322 - Sonidos resbalando
:::foto: 071006-C2873 - Alumbrado público
:::Canon S3IS - f/2.7 - 1/4 seg - 6 mm

18.3.09

257 - Hoy es un día





Hoy es un día especial. Lo quiero hacer especial por varias razones.

Hace trescientos sesenta y cuatro días, alguien muy querido me dedicó un post. Como es razonable, se lo agradecí.

Algunas veces he recibido alguna mención, no muchas, premios llaman. También los agradecí, pero nunca coloqué esos premios, sus logos, en la barra lateral.

Tal vez, o muy seguro, por un exceso de pudor mal entendido, vergüenza o timidez, pude parecer descortés (aunque siempre expliqué mis razones, que fueron entendidas por los interesados).

Ahora deseo corregir un error. Una de esas dedicatorias tuvo un mérito especial. Supuso a su autor un esfuerzo digno de valoración, no solamente por mí sino por todos aquellos visitantes comunes. Por eso, coloco aquí, bajo su nombre, un enlace a su blog a fin de que sepáis a lo que me refiero.

Me gustó tanto ese vídeo que me pareció demasiado pretencioso colocarlo en mi blog, como nuestros amigos querían. Ese pudor me impedía homenajearme, cuando en realidad solo sería el reconocimiento a su trabajo, al trabajo de mi amigo Rammsés. Y sé que mi abuela estaría orgullosa. Mucho.

Espero, con estas palabras, reparar lo que nunca debí hacer, amparado en una falsa modestia.
.
El Mago
RAMMSÉS

Y después de disfrutar de su vídeo... !con banda sonora de Ruichy Sakamoto! ...
.
...muchos de vosotros habréis recibido un aviso de Netlog diciendo que hoy cumplo 109 años.
.
Casi. Estoy en ello. Solo se equivocan en poco, en el número.
.
Y al paso que cumplo esos años, también cumplo, porque quiero, dos años entreteniéndome con la publicación de cortos relatos, falsos poemas y fotos, muchas fotos. Y cumplo años merodeando por vuestros blogs que, cada uno en su estilo, son merecedores de todo respeto y mérito.

Dos años son muchos cuando uno tiene la tentación constante de cerrar todos sus blogs. Restringir la actividad a dos de ellos hace la tarea más llevadera...
.
Dos años ha supuesto el mantener un cercano grupo de amigos, la incorporación de otros nuevos y, desgraciadamente, ir dejando a otros en el camino. Gracias a todos por estar aquí. Y gracias a los que no estáis... pero continuáis estando. En el "maizal" cabemos todos.

Por ser la primera vez que escribí algo en mi vida, os dejo un enlace a mi post inicial en Outra Vaca No Milho. Me hubiera gustado publicarlo en otras lenguas... estoy en ello. No tiene más valor que el simbólico.

Y llamé a las puertas del cielo

Todavía ahora sigo buscando la perla perdida. Y todavía ahora sigo sin saber si hay esperanza... por mucha eternidad de que disponga y por muy roja que sea esa esperanza.

Por último... un 18 de Marzo, si buscáis en efemérides, inventaron el equinoccio de Primavera (vosotros, los australes, ya sé que ahí es Otoño)

Primaveras y Otoños son hermosas estaciones.
.
Salud
.
.
.

:::Post 257 CR 037 090318 - Hoy es un día
:::foto: Retrato de Ñoco Le Bolo visto por un niño de 5 años 8 meses 1 día
:::enlaces: Vídeo de Rammsés - Y llamé a las puertas del cielo

8.3.09

254 - Llamadas perdidas

*
*

Habían sonado los teléfonos varias veces. Varias veces sonó o sonaron los teléfonos dejando paredes y rincones llenos de ecos y reverberaciones.


Quedaron registradas cuatro llamadas en el teléfono fijo, el que está en un mueble del office de la cocina, bajo una bandeja de caoba con cristal dibujado por detrás con motivos campestres, pegada con silicona, de todo a cien, a la pared y sobre la cual, algunas veces, en su borde, se aloja un bolígrafo para tomar notas. Los otros teléfonos también sonaron, llenando los rincones de la casa de ecos y reverberaciones. Todo fueron sonidos.


Siete llamadas más en el móvil, el teléfono móvil que normalmente está en el bolsillo izquierdo del pantalón, al lado del pañuelo blanco, con su inicial bordada, que sólo se usaba para limpiar las gafas… cuando llevaba gafas. ¡Qué cosas! El pañuelo sigue ahí, recordando un pasado o, tal vez, esperando un futuro. Me digo, ¿cuál es el futuro de los pañuelos?


Nadie descolgó. El primero, porque nadie había en la casa cuando sonó y sonó. El segundo… olvidado al lado del teléfono fijo, sin batería, con un cargador a su lado sin conectar a la base que normalmente tiene enchufado un tostador de pan. No podían responder por sí mismos, ninguno de los dos. Tampoco los otros. Tampoco el tostador de pan.


Al restablecer su vida normal, al terminar sus quehaceres cotidianos, que ese día habían sido especialmente duros, al llegar a su casa, se encontró con tantos y tantos esfuerzos baldíos por parte de alguien. Alguien con nombre y apellidos, alguien con cara tan conocida como lo era su número registrado en el identificador de llamadas, de cada uno de los teléfonos.

Tantas llamadas recibidas a lo largo de ese día le produjeron un gran sobresalto... y un cierto desasosiego. De ese número, de esa persona, solía recibir una llamada al año, tal vez dos, pese a la gran amistad que les unía. Llamadas con un contenido tan concreto que eran siempre previsibles. Y ahora… esa insistencia, esa persistencia…


En sus oídos resonaron todos esos ecos y reverberaciones presos en todos los rincones de la casa… ahora liberados.


Pulsó distintas teclas. Nueve pulsaciones. Llamó a su casa. Llamó al móvil. Era importante saber lo que podría suceder, o haber sucedido, si no estaba sucediendo en esos mismos instantes. No estaba en casa por lo que le dejó un aviso mientras se le devolvían ecos y reverberaciones.


No hubo respuesta. Ninguna llamada. Ningún mensaje. Nada.

Su mente no cesaba de cavilar. Pensamientos apresurados, agolpados, desordenados, dispersos, pugnado por abrirse camino entre tanto eco y reverberación. Algo habría pasado. Algo importante. Algo muy importante. Importantísimo…


Pensó en lo peor. La muerte ya había rondado con éxito a su alrededor. Siempre ronda con éxito aún cuando a veces equivoque el tiempo y el lugar. Su máquina de pensar trabajaba vertiginosamente. Abrió una lista de candidatos. Descartó otros. Al final… una sola persona. Repasó sus últimos años y todo encajaba. Tenía que ser… él.


Y pensó en ella.


¿Ella? La tenía presente y no recordaba su nombre. La había visto hacía menos de un mes y no recordaba su nombre. No recordaba.


Y al pensar en ella, pensó en su aflicción por la pérdida irreparable. Pero no recordaba su nombre.


Encendió el ordenador. Tiempo eterno el que tardó en aparecer la conexión a la red.


Favoritos – Medios de comunicación – Prensa – Diario Local – Servicios – Esquelas.


Nada de lo que había supuesto aparecía en el día de la fecha. Tecleó el día anterior. 22 esquelas. Allí estaba. Dos veces. Nombre y primer apellido coincidían (no supo nunca su segundo apellido). Estupor y desolación le apresaron. Se entremezclaron todos los sentimientos, hasta los más recónditos, de su bagaje.

No acababa de creerlo. Era demasiado joven. Volvió a leer las esquelas. Vio, en la primera, el nombre de la esposa. No lo reconocía. No era el mismo nombre que acababa de olvidar. ¿Por qué coño ese bloqueo? Ahora era, más necesario que nunca, tener la mente despejada.

Miró con más detalle. Leyó la segunda esquela. Sus compañeros de la empresa, la empresa… y todo ese etcétera.

No. No concordaba. Él no trabajaba en una industria láctea. ¿Entonces?

Ahora se sentía aliviado. Muy aliviado. No recordaba su nombre pero estaba seguro, ahora mismo, al darse cuenta de que ella no estaba viuda, que volvería a recordarlo.




:::Post 254 CR036/090308 - Llamadas pedidas
:::Foto: 090306-P1020456 - Llamadas perdidas
:::Lumix DTZ 5 - f/3.3 - 1/5 seg - 4.7 mm - ISO 400

1.3.09

251 - El grito de la tierra

.

y la tierra gritó
sangró
desgarrada en su interior
asomó su ira
jirones de dolor

abrió un ojo
y una lágrima
perezosamente deslizada
se congeló
.
asombrada... aturdida...

la herían...
.
ni arados
ni raíces
ni la mano de un niño
.
clavaban garras en sus entrañas

¿quién?
filtraba ponzoña
hasta su corazón de hierro
.
temía conocer la respuesta
.
y más temía que la suya
fuera ira... devuelta
:
:
:

///Post 251 CR035/090301 - El grito de la tierra
///foto: 080110-C4486 - Estratos II en Tenerife
///CANON S3IS - f/3.5 - 1/79 seg - 14.5 mm*
///enlace:
La Mirada Ausente / Estratos I (la otra foto)