había que madrugar, la vez anterior había comenzado a las cinco de la mañana porque llegar a la gran pedrera, orientada al sur, con sol podría ser algo así como entrar en un horno
con ritmo constante, sin paradas, la pedrera se va salvando, hasta llegar al embudo donde con una pequeña trepa se accede cómodamente al acceso a la cumbre, a 2.524 m.
las vistas son impresionantes y no por conocidas impresionan menos
la bajada transcurría tranquilamente hasta que un compañero tiene un pequeño resbalón y 'se saca el brazo de su articulación en el hombro', a unos 2.400 metros de altitud
después de unos primeros auxilios, de inmovilización del brazo, y ante la imposibilidad de bajar por su pie, tenemos que llamar al helicóptero de la Guardia Civil que no tarda mucho en llegar
la maniobra de rescate la seguimos con admiración, a algo de distancia dado que las aspas del helicóptero levantan pequeñas piedras que se convierten en peligrosos proyectiles
los guardias se la juegan, con pericia y eficacia sin lugar a dudas, porque un tropiezo del aspa con cualquier saliente y salta todo por los aires
afortunadamente, la historia tuvo un feliz final... y en la montaña seguimos encontrándonos
'de las memorias nunca escritas'
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