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6/1/09

226 - La mujer de los mil paraguas






Más o menos, mil paraguas.


Ahora vivía sin vivir. Próxima a la depresión, cuando no instalada en ella. Y con una obsesión añadida: mirar al cielo. Implorando.

Fin del ACTO I

Más o menos. Mil. Hacía años que había perdido la cuenta.
Los tenía, como es de suponer, de todos los colores imaginables, incluso, de algunos inimaginables.


Los tenía con todas las combinaciones posibles, incluso, algunas imposibles.


Ella, nunca tuvo problemas para encontrar, en cualquier parte del mundo, paraguas de cuadros, rayas, rombos, lunares… De alguna manera me recordaba a ILU, la frutera, en su amor al color y al orden. Entrar en su casa y ver su colección era como asistir a una exposición de arte, a una selecta y variada exposición siempre actualizada.


Bien. Dejo a vuestra imaginación todas las increíbles e imposibles combinaciones de formas y colores.

Y hablando de formas… ¡Claro que redondos! Y triangulares... y cuadrangulares, pentagonales, exagonales… si atendemos al número de varillas. Y tenía dos singulares, paraguas digo. Uno de ellos, de sólo varillas, para días especiales (entre nosotros, cuando hacía nudismo en la Playa de Langre, de Cantabria). El otro, y para asombro general, sin ninguna varilla, fabricado con ultrananología y materia semiviva (materia que responde a determinados estímulos de su propietaria y que ha debido ser previamente “educada” en los mismos, algo que lleva unos siete días, si se tiene buena disposición)

Fin del ACTO II

Lo contaba antes. Ahora miraba al cielo… implorando, sin ser creyente.
El cambio climático había arruinado su vida.


¿A dónde podría llevar ahora su paraguas de tonos degradados color arena del Serengeti, con trazas de azafrán y cordón piel de cría de leopardo, varillas canela en rama de Córdoba y puño de colmillo de elefante? ¡Ese que tan bien le iba con los zapatos color camello anciano, medias crema tostada, falda de piel vuelta, jersey fino azabache y cazadora sintética imitando piel de zorra virgen! Y no cito complementos…


¿A dónde?



El cambio climático ha arruinado mi vida
El cambio climático ha arruinado mi vida
El cambio climático ha arruinado mi vida

Se repetía...


Fin del ACTO III

¡Y aún había necios que seguían negando el asunto! ¡Contra viento y marea!


Ya. Dicen. El producto de una nueva y artera confabulación orquestada por los ecologistas y otros parásitos. Un cambio en mentes calenturientas. Dicen.

Fin del ACTO IV

Ahora, la mujer de los mil paraguas, estaba considerando la posibilidad de cambiar su residencia a la selva amazónica pero tenía un grave problema. ¿Con quién y ante quién podría lucir su extenso guardarropa? Tenía que resolver si tanta lluvia le iba a recompensar el sacrificio de una laboriosa mudanza de enseres y armarios repletos...

Fin del ACTO V

Ya en la selva tropical…


¡Qué horror! ¡Qué olor a gasoil y fuego! ¡qué asco! ¡Lo están destrozando todo! Esos enormes aparatos arrastrando cadenas…


Y estos ecologistas de mierda haciendo nada para evitar que se tale nuestro pulmón. Se decía. ¡El pulmón de Gaia! Se decía mientras acariciaba suave y delicadamente su chaquetón de selectos visones naturales criados en libertad.

Fin del ACTO VI

Esta mujer de los mil paraguas no me está pareciendo simpática. No me gusta nada el acto anterior. Creo que no voy a hablar más de ella.

Fin del ACTO VII

Corolario: En el acto VII descansé (como el otro), y tampoco arreglé nada. Todo sigue igual.


Post Scriptum:

Si sé algo nuevo de la mujer de los mil paraguas… algo os contaré.

Otro Post Scriptum:

Creo que los Reyes Magos le han traído un paraguas nuevo.




///Post 226 CR026/090106 - La mujer de los mil paraguas
///foto: 080229/C5288 - Paraguas
///enlace:
La Mirada Ausente - Varillas