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19/10/20

912 - Puzzle




una foto, un puzzle
 fácil de resolver, no hay dos sin tres

una historia, lo intermedio entre dos puntos
comienza en Oporto y finaliza en Santiago

este recuerdo aviva mis caminos
anteriores y posteriores a éste



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912·CR357·201019 · Puzzle ©2020  
w'130627-Camino Portugués-Santiago ©2013
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26/3/19

849 - Epílogo 2




7:29:57 Disparo.

Hace ya un rato que he comenzado a andar. Del Este llegan las primeras luces de la mañana, mientras dos fuentes de luz despiden mis pasos. Una ilumina la tierra, otra ilumina el océano. Ahora es el Sol el que se ocupa de ello. A lo lejos, el impresionante cabo Vilano, con su faro, me trae a la memoria el suceso del 'Serpent'. Una tragedia ya contada, sucedida allí cerca de la playa de Trece, donde se encuentra la duna más alta de Europa. Siempre hay discusiones al respecto. La de Pilat es todo arena y la rampante del Monte Branco, en Trece, está muy colonizada por la vegetación.

Dejo atrás el Santuario da Virxe da Barca, ocasionalmente batida por las olas, las famosas 'piedras' y 'A Ferida', imponente monumento.

Solamente me falta un día para terminar. Serán 29,3 km que habrán de convertirse en treinta y cuatro, por el capricho de acercarme todo lo posible a la costa.  Atrás quedan los otros once días, haciendo el Camino Primitivo, desde Oviedo, por la variante de Los Hospitales, pasando por Lugo y Santiago hacia Finisterre. Cada día podría constituir una memoria, y debiera serlo antes de que la memoria se desvanezca, como los antropocirros acariciados por el aire.

El camino es solitario. Solitario. Solamente yo pasé la noche, ese día, en el albergue. También cené solo. Solo en el restaurante.

No es duro, en general. La máxima altitud es el Facho de Lourido, 269 metros, lugar donde se hacían hogueras para avisar de algún peligro. Es un subir y bajar, un tanto rompepiernas, por pistas y bosques. Me duele el pie izquierdo. Y todavía me sigue doliendo, hoy, cuatro años más tarde. Un dolor asumido, generado a la salida de Lugo, al hacer 22 km seguidos sin paradas, muy deprisa, que había que llegar a algún albergue a una hora prudente.

A unos kilómetros de Muxía, en un momento veo que me siguen cuatro parejas de franceses. Vienen observando qué de vez en cuando me paro a  consultar el teléfono. Efectivamente, uso el navegador Backcountry, que me garantiza una exactitud de tres a seis metros, con el mapa del IGN. Me siguen sin perder distancia, a unos quince metros, pegados entre ellos como la procesionaria del pino. Pronto tengo que pararme para indicarles cuál es el camino, a partir de ese punto, y explicarles qué no deben seguirme, que estoy 'inventando' mi propio camino, que será más largo, buscando nuevos parajes.

La costa es bella. Caminar con gastadas botas y mochila roja burdeos, por la fina arena, rompe la rutina de la dura montaña. No es necesario mirar dónde se ponen los pies. Hay que pararse, la prisa no es buena, a disfrutar de la diminuta flora de las dunas... Apretar el obturador...

Pasan los pequeños pueblos, aldeas, parroquias, a velocidad de caminante, pueblos de nombres sonoros, poéticos.

Me paro en Lires a comer. Hay un restaurante muy concurrido. Muchos peregrinos, los que están haciendo el camino en el sentido de las agujas del reloj, de Finisterre a Muxía. Yo seguiré solo, mi camino es levógiro. Sé por qué. Finalizar en Muxía es tener poca comunicación con Santiago, algo que no sucede en Finisterre. Más sabe el zorro por viejo que por zorro. Digo.

Antes de llegar a Finisterre me desvío a la playa Do Rostro. Encuentro un pequeño trozo de madera quemada y una tímida planta tratando de vivir. Disparo. Conocéis la foto.

Finisterre. Ya. Como la vez anterior, entro en la Bibliotaberna a tomarme un bok de Estrella de Galicia mientras suena Pink Floid. Es inevitable, lo de la cerveza. El resto ya es más prosaico. Una ducha, una cena, una amable sobremesa con un buzo local y una peregrina que quiere ser sumiller y algunos parroquianos que se toman unos vinos. Temas de pesca, entre otras cosas, siendo el buzo la estrella del evento.

A dormir. Mañana será otro día. Habrá que regresar a casa, y pensar en otro 'camino'. Será sencillo, una parte del 'Sanabrés'. Desde Alberguería (Ourense) a Santiago será suficiente. Esta vez, cuatrocientos setenta y tres kilómetros también lo han sido.


retazos de unas memorias nunca escritas


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849·CR325·190326 · Epílogo 2 ©2019  
w'150512-001-De Muxía a Finisterre ©2015
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23/2/19

843 - Curavacas






había que madrugar, la vez anterior había comenzado a las cinco de la mañana porque llegar a la gran pedrera, orientada al sur, con sol podría ser algo así como entrar en un horno

con ritmo constante, sin paradas, la pedrera se va salvando, hasta llegar al embudo donde con una pequeña trepa se accede cómodamente al acceso a la cumbre, a 2.524 m.

las vistas son impresionantes y no por conocidas impresionan menos

la bajada transcurría tranquilamente hasta que un compañero tiene un pequeño resbalón y 'se saca el brazo de su articulación en el hombro', a unos 2.400 metros de altitud

después de unos primeros auxilios, de inmovilización del brazo, y ante la imposibilidad de bajar por su pie, tenemos que llamar al helicóptero de la Guardia Civil que no tarda mucho en llegar

la maniobra de rescate la seguimos con admiración, a algo de distancia dado que las aspas del helicóptero levantan pequeñas piedras que se convierten en peligrosos proyectiles

los guardias se la juegan, con pericia y eficacia sin lugar a dudas, porque un tropiezo del aspa con cualquier saliente y salta todo por los aires

afortunadamente, la historia tuvo un feliz final... y en la montaña seguimos encontrándonos


'de las memorias nunca escritas'


El Curavacas en la Wikipedia   /   fotos en Google

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843·CR322·190223 · Curavacas ©2019  
w'170903-010-Palencia-Pico Curavacas ©2017
foto desde Peña Escrita 
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