¿La negrita? ¿Debiera decir la niña de color?
Hacía calor. Bastante calor. Tarascón, al sur de Francia, a los pies de los Pirineos. Un café con hielo sobre la mesa. Jugueteo con la cámara fotográfica. Cruce de miradas. Miradas cómplices.
Ella juega a esconder la mirada, deseando ser fotografiada. Yo juego a romper mi regla de no fotografiar personas. Sí. Me cuesta mucho trabajo robarles un pedazo de su alma mortal... y que me la roben.
Está sola... o lo parece. Tal vez aquél, el que está a unos doce metros apoyado indolentemente en una pared, sea su hermano mayor... ¿o su padre?. Atiende a la escena. No le da importancia. Tal vez sea un espíritu libre.
Solo son dos disparos. Dos guiños. Dos pequeños hurtos... que ella desea. Ni una palabra. Sería imposible e innecesario. No nos entenderíamos con sonidos, solo con miradas, como lo estábamos haciendo.
¿Podría hacerlo? Lo he hecho. Ahora pienso en si acaso podría hacerlo. Puede un adulto tener miradas cómplices y puras con una niña? ¿Sería esta niña acusada de provocadora, buscadora? ¿Y él? Yo. ¿Un pervertido corruptor de menores?
¿Llegará el día en el que no podamos acariciar a nuestros hijos? ¿estaremos tan podridos que seremos siempre sospechosos?
No sé si me están mirando pero me gustaría estar mirando a aquella negrita de aquella manera. ¿Debiera decir la niña de color? No sabía que las personas tuviéramos color. Tanto lenguaje políticamente correcto está haciendo estúpido mi pensamiento, o al menos, algo más de lo que podría ser.
Colores. ¿Cuánto colores existen? Creo que en el hombre sin pixelar solo hay un color. El invisible, al que se accede con el conocimiento. Lo demás, apariencias vanas que se desvanecen en la oscuridad en tanto que la invisibilidad continúa.
Las aguas frías de los Pirineos, que trae el río Ariège, desean refrescar el ambiente. Una señora pasa en una antigua bicicleta... tan antigua como ella. Un Renault 8 mira entretenido lo que sucede. No se conserva mal, pese a su edad. Una pandilla de quinceañeras esperan, llenas de teléfonos móviles, la llegada de alguien más. Unos patos, posiblemente porrones moñudos, ensayan aterrizajes en las aguas del Ariège en tanto que una pareja se fotografía con el castillo al fondo. La negrita sigue sentada. Parece pedirme una sesión fotográfica más larga. Le digo, con la lengua de las sinpalabras, que dos fotos son suficientes.
Más tarde, en otro lugar de la villa, mientras paseo, me la vuelvo a encontrar. Nuestras miradas son las de dos amigos de toda la vida. Le digo adiós, que tengo que irme a subir un pico. Me replica, llévame contigo. Claro, respondo, te llevaré en el bolsillo de la camisa, alto para que puedas ver mejor, desde el pico, parte de Francia, parte de España, y apretando los ojos, toda Africa entera.
Sonríe.
Sonrío.
· · ·
619·CR207·140324 · La niña del Ariège ©2014
708'080620-P1000032-La niña del Ariege-Tarascón-w ©2008
Post reeditado - Publicado en Outra Vaca No Milho el 06/07/08 |
· · ·