Su paseo era bastante aburrido.
De aquí para
allá, siempre. Estaba aburrida de ese puente. El Pont St. Louis. Demasiado
tiempo paseando entre tanto turista. Demasiado tiempo viendo esas actuaciones
callejeras.
Que si la banda de jazz, que no estaba nada mal, sobre todo la
actuación del negrazo del bajo. Que si el chaval pecoso, estrafalariamente vestido, lleno de rastas, con ese
cuenco tibetano de sonidos armónicos. Que si la señora esa, de la melena hasta
la cintura y faldas de volantes, tocando esa especie de cilindro australiano, creo que llamado
didjeridoo, con propiedades curativas... dicen.
Que si el payaso de la nariz roja, encandilador
de niños sentados en el suelo, con artículos de magia potagia.
Aburrida y cansada de tanto paseo a ras
de suelo, buscando migas… pero, al fin y al cabo, aburrida, aunque de vez en
cuando vuele hasta alguna gárgola, de cara feroz, de Notre Dame.
Ahora parece que se marcha.
Le han caído bien
estos dos japoneses, sobre todo, el japonesito.
Ya ha dejado de dar vueltas alrededor de ellos, que están concentrados en la actuación del payaso de la nariz colorada.
Yo también me siento con los niños. El payaso promete.
495·CR142·120115 · Paloma, ciclista con niño y gente por la acera ©2012
709090508-París-C0979-Ciclista japonés-w ©2009 |