21/7/10

385 - Pastor de sueños



































Kersino era un pastor. Un pastor de sueños.

Vivía, si se le puede llamar vivir, dentro de un mundo especial donde los sueños eran los únicos habitantes. Todas las referencias, para conocer ese mundo, estaban dentro de los mismos sueños y eran esos sueños los que modificaban continuamente dicho mundo. Un mundo globuloso de límites indefinidos instalado en los territorios de la inexistencia.

Kersino era un pastor de sueños pero no era un pastor cualquiera. Su cometido era el pastorear, únicamente, sueños críticos de variadas tipologías, ubicados en alguno de los cúmulos de galaxias del universo onírico, en los que la predominancia del color rojo era notoria.

No era pues, por ejemplo, como Hamalowe, que se especializaba en sueños de amor, o Destroedel, dedicado a los sueños de odio y venganza. No era como los otros muchos pastores de sueños bien definidos. Por supuesto, no tenía parecido alguno con los visfrosilos, seres de inferior categoría, tal vez de noveno nivel, que sólo pastoreaban ensoñaciones momentáneas. Kersino era un pastor polivalente. El Pastor.

El mundo de Kersino no era complicado. Con la ayuda de los krenoucas, seres semiseres que sólo existían en la mente de Kersino, pastoreaba los sueños.

En general, los sueños placenteros y felices no le suponían problema alguno. Los krenoucas se ocupaban perfectamente de ellos, manteniéndolos dentro de un espacio-tiempo congelado, del que era imposible escapar. Imposible. De eso, Kersino estaba absolutamente convencido.

Sin embargo, de vez en cuando, Kersino recibía instrucciones acerca de cómo liberar determinados sueños. Era algo como un dejarlos caer, o un dejarlos subir, hacia otros espacios dotados de tiempo. Él no sabía nada acerca de esos destinos. Ni siquiera sabía cómo se producían las instrucciones… ni de dónde provenían. Solamente sabía que debía dejarlos fluir mientras, al resto, debería mantenerlos bien controlados y sobre todo, evitar extrañas mezcolanzas entre ellos.

La preocupación obsesiva de Kersino era acerca de una determinada clase de sueños, que nunca parecían acomodarse a su situación espacio temporal. El más peligroso de los sueños era el llamado libertad. Éste siempre contaba con un especial aliado, Bologuirumo, un ser tan semiser como los krenoucas, a los que mantenía siempre ocupados con sus apariciones, simultáneas y aleatorias, en distintas nubes de sueños.

Sabía Kersino que la posibilidad de que libertad contaminara a otros sueños, en caso de fuga, era muy alta. Fundido ese sueño con otros, podría dar lugar a una gran explosión en cadena en el espacio tiempo que debía controlar. Hipotéticamente, una vez un sueño dentro de otros espacios tiempo, podría desplazarse y llegar a destinos ajenos a la galaxia onírica, produciendo efectos imprevisibles. Eso intuía Kersino cuando meditaba acerca de su misión… pero sólo eran elucubraciones.

Kersino, el eficiente Kersino, los otros pastores, los visfrosilos, al igual que los krenoucas y Bologuirumo, desconocían el mecanismo productor de sueños. Desconocían todo acerca de si mismos… también.

Tal vez, en el caso de conocer algo, Kersino llegaría a saber que su existencia era sólo un sueño o, posiblemente, el factor común de un numeroso conjunto de sueños que le otorgaba su ser. Kersino podría llegar a comprender que él mismo sólo era un sueño. Mi sueño.

Tendré que confesarlo. Yo soy uno de los sueños huidos. Ahora debo saber quién me está soñando a mí.


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Pastor de sueños · CR086- 100721
710-100704-A4272-Orense-La Lonia-W - 1/60seg · f/5 · 50mm* · Iso 200
710-100704-A4274-Orense-La Lonia-W - 1/125seg · f/5 · 80mm* · Iso 640

Ourense es estupendo por, por ejemplo... el marrón glacé

13/7/10

383 - El socorrista





Llega a la playa. Como todos los días, llega… y sigue el protocolo. Tiene que seguir el protocolo, no hay elección.

Se enfunda su ajustado traje de brillante color verde #80FF00, su brillante chaquetilla amarilla #FFFF00, atravesada por una franja de brillante color rojo #FF0000. Los nuevos materiales, este año polímero G77bled97, garantizan una impermeabilidad absoluta a cualquier temperatura o al agua en cualquiera de sus estados. No puede pasar desapercibido. No puede. Tiene que ser reconocible desde una distancia mínima de 700 metros, o tres mil, si los usuarios utilizan gafas standard modelo Glass5.x4.UNE2025

Se acomoda en su puesto de vigía homologado. Echa un rápido vistazo al conjunto monumental situado a su derecha. No puede menos que dejar escapar una sonrisa, que se diluye en el aire, al recordar, una vez más, las precarias condiciones de seguridad y protección de años pasados. Alguna vez, como simple curiosidad, subió a ese esquelético artilugio y se cobijó bajo tan rudimentario sistema.

Comprueba que todas las pantallas mantienen la información actualizada. Temperaturas de sol y sombra, del agua en los niveles de profundidad permitidos a los usuarios, salinidad, contaminación, nivel de insolación y rayos uva, velocidad, ráfagas y dirección del viento... No tiene problemas con la instrumentación. Domina las 67 variables a controlar manualmente y un microchip colabora realizado funciones automatizadas.

Se pone el casco integrado. Por los auriculares interiores podría escuchar todo lo que sucede en la playa. No lo hace. Solamente podría hacerlo con una autorización especial que se emite en casos de emergencia o catástrofe inminente. En tanto, un filtro, que recuerda a la antigua red Echelon, le permite oír la palabra auxilio, o socorro, en los 27 idiomas de la Convención, siempre y cuando sea emitida, por triplicado, en un radio de tres mil metros. Es algo que todos los bañistas conocen. El parasol del casco le permite detectar, dentro de ese radio de seguridad, cualquier brillo normalizado de alarma que supere el 33% del máximo permitido en los trajes bioluminiscentes de los bañistas. También lo saben.

Toma sus binoculares L-2z, los Leica siguen existiendo, realizando una primera inspección ocular. De izquierda a derecha, de derecha a izquierda, en un primer nivel de proximidad a la línea de agua, siguiendo rigurosamente el protocolo. Por su cuenta, realiza alguna inspección más. Comprueba ahora los trajes bioluminiscentes de última generación. Ya se empiezan a ver bastantes por las playas, pese a ser extremadamente caros. Se maravilla de los avances tecnológicos. Estos trajes tienen un gran número de sensibles terminales, el precio depende de ese número, que se incrustan en la piel. Dichos terminales son activados por las conexiones nerviosas de los propietarios y transforman las señales lumínicas externas que emiten las células del traje bioluminiscente. El simple pensamiento permite modificar la imagen a mostrar. El socorrista piensa que no está bien alterar la propia imagen, que es un fraude aunque, tampoco está de acuerdo con el nudismo, ya casi en extinción, dado que cree que la propia imagen no tiene por qué ser tan necesariamente cruda… salvo contadas excepciones. No. No le gustan esos nuevos trajes que presentan a todos los bañistas de forma homogénea y perfecta.

Una segunda mirada a la playa y al agua, le permite observar que la densidad humana es mayor que otros días. Nada en el calendario indica que sea un día especial.

Cambia de binoculares, ahora los L-7b, más potentes. Sigue el protocolo.
El agua está saturada. El gentío se limita a estar de pie, con el agua al cuello. Es imposible nadar.

Por último, terminando con el protocolo, toma el LETGO99, el analizador extremo y hace el recorrido global. No deja un rincón sin escudriñar. Ahora, enfoca el LETGO99 a una pantalla amarilla de 6 pulgadas, de reborde dorado, que instantáneamente muestra NONE titilando en letras rojas.

El socorrista, parsimoniosamente, se cambia de ropa y abandona el tecnológico puesto de vigía. Nada que hacer, LETGO99 nunca se equivoca y si dice NONE es que no hay ningún alma digna de ser salvada. No hay ningún alma digna de ser salvada. No. No la hay.

Mientras vuelve casa piensa en los niños. Hoy los llevará a la piscina.




383
El socorrista · CR085/100713
100628-A3806-Asturias-Playa La Franca
Canon 50D/18-200 - 1/500seg · f/10 · 120mm*

paseaba la playa de Peñíscola, el 12 de enero, y se me ocurrió esta historia
y en una playa asturiana, hace unos días, encontré la foto que me permitió recordarla.