28/11/10

418 - Riaño y la Atlántida



     • Apuntes de un diario, no escrito en su momento.

Tal vez sólo sean vagos recuerdos. Ellas y yo estuvimos en la Atlántida. Ellas, eran las cigüeñas. La Atlántida, Riaño.

Dos días antes, habíamos dormido en el Lago Enol, después de caminar hasta Vega de Ario, lugar desde el que se divisa, presidida por el Torrecerredo, la más imponente vista del Macizo Central de los Picos de Europa. Torrecerredo, el más alto. Dos veces en su cumbre. Dos veces ciego por el resplandor de la belleza.

El día anterior, habíamos estado recorriendo la Senda del Arcediano, en el hermoso valle de Sajambre, donde el desfiladero de los Bellos talla diamantes sobre roca caliza. Faltaban unos pocos días para la primavera y las hayas apuntaban minúsculas tiernas hojas entre sus brillantes y aceradas escamas. También en Peña Dobrez, no muy alto (1.795m) pero buen observatorio sobre el valle de Valdeón y los picos… otra vez.

Regresando, Riaño. Lugar, en aquellos momentos, lindando la inexistencia. No mucho antes, excavadoras y bulldozers, máquinas sin alma, habían planchado, literalmente, el pequeño pueblo. Las compuertas del futuro pantano ya estaban cerradas y las aguas comenzaban a avanzar. Nada quedaba en pie. Era la imagen perfecta de la desolación. Eran Hiroshima y Nagasaki juntas. Nada había entre tanta ruina excepto algunos árboles secos y unos postes de la luz, ambos, poblados de nidos con unas cigüeñas que miraban estupefactas su entorno. Sabían que algo había cambiado pero no sabían explicármelo. Tampoco yo a ellas. Quizá fue una señal. Al despertar, ellas y yo nos encontramos todo nevado, como si la blancura quisiera ocultar el desamparo. Tal vez éramos conscientes de nuestro privilegio. Éramos los últimos en dormir en la Atlántida.


     • Apuntes de un diario, no escrito el 13 de Noviembre 2010

Paseábamos, los buscadores de otoños, por Riaño. Asomados a la inmensidad de sus oscuras aguas, teñidas por un celaje frío grisáceo, creí ver, bajo aquellas aguas, las huellas de mis últimas pisadas y oír el crotoreo de unas cigüeñas llegadas a destiempo.



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Riaño y la Atlántida • CR101/101129 ©
P418-CR101-710-101111-018-Embalse de Riaño-W ©
Canon 50D/18-200mm • 1/100seg • f/5.6 • 40mm* • Iso 100

21/11/10

416 - El Capitán Can y el piloto





Desde su cálida y amarilla cápsula espacial, a salvo del mundo exterior, con un sutil mando a distancia dirigía al Capitán Can.

El Capitán Can, con alegría y disciplina, arrastraba aquellos dos preciados vagones.

La travesía de la desnivelada Praza Maior sólo era uno de los puntos intermedios para llegar al futuro.





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El Capitán Can y el piloto • CR100/101121 ©
P416-CR100-100703-A4246-Ourense-Capitán Can-W ©
Canon 50D/18-200mm • 1/250seg • f/7.1 • 70mm* • Iso 100

el 3 de Julio, en muy buena compañía, pasaba por la Praza Maior
íbamos a tomarnos unas orellas
de ese animal del que se aprovecha todo, ¡hasta la conversación!


11/11/10

414 - Liquidámbar 60N en otoño



¡Tantas veces has llegado a mí! ¿Qué tienes de especial?

Llegas, cuando al calendario le han caído casi todas sus hojas, y tú te quieres llevar, también, las de los calendarios arbóreos, los que miden el paso de mi vida.

Tal vez sea el momento. Un momento más sensible que otros. Para mí. Para todos. Ya sé, lo veo, que has llegado a ellos, a L60N y a L60S. Como el año pasado… y los anteriores.

Ahora ya han crecido un poco. Eran gemelos, o como si lo fueran. Viajaron, a la vez, juntos, en el mismo coche. Cabían allí. Ahora ya son unos hombretones, si te lo puedo decir de este modo, Otoño, tú que me entiendes.

L60S, el liquidámbar 60 Sur, ha medrado más. Está en mejor tierra y por eso le llegas algo más tarde. Ahora mismo le has puesto sus hojas bailando al Sur, con sus amarillos, ocres y naranjas. Sin embargo, has visitado antes a L60N, el liquidámbar 60 Norte. ¡El pobre! Le tocó el peor terreno. Y no sólo eso, un huracanado Sur desgajó el pasado año su rama más alta. No se quejó. Ahora bailan, también, sus hojas… pero rojas ya. Ha pintado el suelo de sangre limpia y cálida donde el petirrojo mueve alguna, buscando algo de sustento.

Yo miro, al pequeño pájaro, como lo miras tú, Otoño. Ambos nos regodeamos con su actividad sonora que empapa nuestros oídos. Ya sé que sabes que juego con ventaja. Cuando tú te hayas ido, empujado por el invierno, él seguirá aquí, cantando para mí… como hoy canta para nosotros dos.

Sí, otoño recurrente. Llegas razonablemente puntual. Y te llevas, con la ayuda del viento, las hojas del fresno, de la catalpa, de la albicia… y también, las de los viburnos y de todos esos pequeños arbustos que alegran nuestras miradas.

Otoño. Me quedo con un recuerdo tuyo, él que arriba te muestro. Algún año, cuando regreses, si no estoy, nos encontraremos aquí. Apunta ya la dirección de este post. Por si acaso, te la pongo… http://cristalrasgado.blogspot.com/2010/11/414-liquidambar-60n-en-otono.html





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Liquidámbar 60 N en otoño • CR099/101111 ©
P414-CR099-410-101106-010-Liquidambar-v72 ©
Canon 50D/18-200mm • 1/60seg • f/5.6 • 90mm* • Iso 100

fotomontaje: dos planos de hojas de liquidámbar y tela pata de gallo
dedicado a los buscadores de otoños


4/11/10

412 - Aburrido




aburrido de la rotonda

de tanto coche rodeándolo... aburrido
aburrido de los aviones... sobrevolándolo

del aeropuerto aburrido
...el avión

y me vio y dio un grito
¡eh!  ¡tú!  ¡hazme volar!

no pude hacer otra cosa

y la señal,  suspiraba atónita




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Volando • CR098/101104 ©
P412-410-101012-5629-Avión en Parayas - Santander ©
Canon 50D/18-200 • 1/125seg • f/5’6 • 60mm* • Iso 100

Foto disparada cuando charlaba contigo, frente a la rotonda del aeropuerto.
Mira moza, en ese encuentro casual me decías que ibas a subir al Naranjo
que te acordabas del día en que te subí a la Torre de Horcados Rojos.
Cuando te dije adiós, quedé contento de haberte dejado esa huella. Amor a la montaña.